| |
Yo he nacido en una familia cristiana, afortunadamente… desde mi nacimiento del 28 de Enero de 1995, mis padres, me han educado para seguir el camino del cristianismo hasta ahora.
Mi vocación la sentí cuando con 8 años mi párroco me animó a ir a una convivencia del G. Samuel, donde iban distintos jóvenes de la Diócesis de Valencia. No sé, pero al llegar, algo me entró rápidamente al corazón; después de disfrutar el sábado allí con los jóvenes y los seminaristas, llegó el momento de irme a casa, ¿y que mis padres me podían meter en el coche?, me puse a llorar… me quería quedar… y D. Javier, rector del seminario dijo a mis padres, que si tenía que llegar el día en el que Dios me dejara entrar, entraría.
Desde entonces, me quedé los dos días de las convivencias, esperando que llegara el día en el que entrara en el seminario.
El último año, antes de entrar, de tantas ganas que tenia de entrar en el seminario, repetí curso, ya que no me esforcé demasiado.
Al segundo año en 6º de primaria, me esforcé un poco, (bastante) más y aprobé.
El día 22 de junio, hice las pruebas de ingreso al seminario con mucho entusiasmo…
Al cabo de unos días me fui de campamento con la Serranía. En ese campamento… ya llegando al final… el antiguo párroco de Titaguas, que es muy amigo mío y de mis padres, me cogió por la noche con su vicario y me dio una gran y maravillosa noticia… me dijo:
-Iván, ha llamado tu madre y me ha dicho que a tu casa a llegado una carta, una carta del seminario menor, en ella pone que el año que viene estarás como seminarista interno.
Nada más oír la noticia me puse a llorar, a chillar… y todos me preguntaban si me encontraba bien, y yo les decía que me habían admitido en el lugar donde sentía que el Señor me llamaba.
Me bajé al oratorio del campamento, donde estaba el Señor en un sagrario y le di las gracias.
Fue el verano más largo de mi vida, estaba esperando que empezara el curso...
Llegó el día de mi entrada, y no sé cómo explicarlo, conocí a Paco (mi formador), y a D. Juan Antonio y D. Javier los empecé a conocer y apreciar más.
En clase me acogieron muy bien, mejor de lo que me esperaba. Pero todo no era bueno, perdí algunos amigos, ahora ni me miran cuando nos cruzamos por la calle; pero sé que voy por el buen camino.
- PORQUE SÉ DE QUIÉN ME HE FIADO. -
|
|