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Los Seminaristas nos cuentan cómo viven su vocación.

Xavi Lapeña

Voy a contaros lo que me ha traido al Seminario y como Dios me ha guiado hasta aqui. Todo empezó cuando era pequeño. Mis padres no eran de ir a la iglesia pero mis abuelas me hicieron conocer a Cristo. Yo jugaba con dos imágenes de la Virgen, que por cierto no sabía muy bien lo que era. Cuando me hice un poco más mayor Dios me invitó a ir a la iglesia por medio de la catequesis de la primera comunión. Lo que más me gustaba de la catequesis era estar en la iglesia. Cuando hice mi primera comunión al comulgar sentí que Dios habitaba en mí, que había descubierto a un amigo que nunca falla. Pasaron unos cuantos años, que por cierto los pasé muy bien, en mi parroquia de monaguillo.

Un seminarista de mi pueblo nos invitó a toda la parroquia a ir al festival de la Canción Vocacional. Ese día noté que Dios me llamaba a ser sacerdote. En un momento me rondaron muchas preguntas en la cabeza. Pero Dios puso a un seminarista del Menor en mi camino para resolver esas preguntas tan complicadas. Yo me fui del festival de la Canción Vocacional pensando durante todo el camino en esas preguntas tan curiosas.

Cuando llegué al pueblo mi cura empezó a hablarme de sus años en el Seminario Menor, que antes estaba en Moncada. Y un día me dije a mí mismo: ya no puedo más. Tengo que ir al seminario! Otro dia fui a hablar con mi cura y le dije que queria ir al Seminario y él me dijo que iriamos. Fuí a verlo y hablé con D.Pablo. Me enseñó el Seminario y me gusto mucho. Me invito a ser seminarista y el 10 de septiembre empezé el Seminario. Estos días en el Seminario están siendo fantásticos. Al principio heché de menos a mi família. Pero gracias a los seminaristas, que me ayudaron a descubrir que esto es como mi otra familia. Y por todo ello doy gracias a Dios!

 

 
 

Toni Salord

La vocación al sacerdocio es “un misterio de amor entre un Dios que llama por amor y un hombre que responde libremente y por amor”.

La vocación como tal, no se puede definir, puesto que se trata de una experiencia personal con Jesús, donde Dios obra en cada persona de manera diferente. 

Una persona descubre la llamada que Jesús le hace, en su día a día, mediante personas, hechos y obras. No se experimenta con una llamada telefónica ni con un mensaje vía “Whatsapp”, sino que es una misión que Dios tiene reservada sólo para tí a la cual te sientes atraído por su rostro misericordioso.

Esta misión que Él te ha encomendado no es cosa de un día por el otro, puesto que desde el vientre materno, te tiene reservado ya, este gran privilegio, y poco a poco, en tu vida lo descubres y se te hace presente. 

La vocación sacerdotal no es una carrera con una meta definida sino que es una historia de amor con los hermanos que más lo necesitan. El sacerdote está llamado a ser puente entre Dios y los hombres, porque muchas personas necesitamos este encuentro con Jesucristo que se nos hace presente en la Eucaristía. 

Cuando Dios llama a una persona a seguirlo, se basta de mil casualidades para revelarlo, como cualquier historia de amor, donde desde el primer instante se da el amor a primera vista. Aunque uno a priori no lo quiera admitir o aceptar, pero Dios, como un padre que quiere lo mejor para sus hijos, insiste en varios momentos de la vida, ya seamos niños, jóvenes o ya más mayores.